Cada año más de un tercio de la producción mundial de alimentos se pierde o desperdicia en el camino del campo a la mesa. Esto equivale a 1.300 millones de toneladas de alimentos comestibles que podrían dar de comer a 1.260 millones de personas al año, según datos de la FAO. Las causas son variadas: productos que no cumplen con las especificaciones de tamaño, color o forma exigidas por el mercado, o cosechas que directamente no llegan a recogerse porque los precios hacen que la recolección no resulte rentable para los agricultores.
Para hacer frente a este problema, Fundació Espigoladors está revitalizando una práctica que era habitual en el mundo rural pero que se ha ido perdiendo: el espigueo o rebusca.
Esta práctica histórica consiste en cosechar todos aquellos alimentos que han quedado en el campo tras la cosecha principal, o aquellas cosechas sembradas pero no recolectadas. Durante la época moderna en Europa era una actividad habitual que realizaban mujeres y niños; no fue hasta la segunda industrialización cuando fue perdiendo protagonismo, a causa de la desruralización de muchas áreas y de un creciente estado de bienestar entre la población.
Conociendo el trabajo de Fundació Espigoladors
Fundació Espigoladors es una organización sin ánimo de lucro que desde 2014 trabaja por el aprovechamiento alimentario y el derecho a una alimentación saludable y sostenible, de forma inclusiva, participativa y solidaria. Hoy cuenta con una red de más de 2.500 personas voluntarias, más de 150 productores y productoras colaboradoras, y acuerdos con más de 50 entidades de distribución de alimentos a las que destinan lo recuperado.
Desde Fundación Vida Sostenible tuvimos la oportunidad de colaborar en uno de los últimos espigueos organizados en El Prat de Llobregat. La jornada tuvo lugar en campos de alcachofa donde, tras la cosecha principal, cientos de piezas perfectamente comestibles habían quedado abandonadas al no ser aceptadas por el mercado.

Tras unas horas de trabajo y de la mano de un pequeño grupo de voluntarios, el resultado fue contundente: casi 1.000 kg de alcachofas recuperadas. Una cifra que ilustra con claridad tanto la escala del problema como el potencial del espigueo para hacerle frente de forma directa y participativa.

Acciones como esta son una forma de entender de primera mano las dinámicas del sistema alimentario: por qué se descarta y quién decide qué llega al mercado. Además se muestra a la ciudadanía que pueden tener un papel activo en reducir el desperdicio, a la par que benefician a su comunidad permitiendo el acceso de alimentos frescos y de calidad a los vecinos y vecinas con más dificultades.
Una práctica antigua que, como demuestra el trabajo de Espigoladors, tiene mucho que decir en el presente y que esperemos pueda llevarse a muchas otras zonas de España.
Si quieres descubrir cómo reducir tu desperdicio en casa o en tu día a día no te pierdas nuestra Guía FVS Sin desperdicio.
Fotos y texto: Carlota López.







