El paisaje de tu alimentación es más importante de lo que crees

¿Cómo podemos visualizar nuestro paisaje alimentario? Solo necesitamos una mesa y toda la comida que vamos a consumir en una semana. Los alimentos los colocaremos más o menos organizados por tipos: envasados, frescos, verduras, latas, pan, hortalizas, etc. El resultado final es el paisaje de nuestra alimentación, que es diferente en cada casa e incluso en cada época del año, pero que también es muy constante y predecible en todo el mundo.

Si examinamos unas cuantas mesas semanales típicas de nuestro país veremos una pauta bastante similar. Al fondo veremos una especie de parapeto de cajas de cartón de colores, formada por los cereales de desayuno y las cajas de puré instantáneo, sopas preparadas, y bricks de leche y zumos. Delante, unas cuantas latas de conservas y botellas de plástico de refrescos y agua. Bandejas de corcho blanco con carne y pescado. Un pequeño montículo de patatas, bolsas de macarrones y espaguetis. Un apartado vegetal de lechugas, zanahorias, coles, escarola, acelgas y otras verduras. Un sector de colores vivos que corresponde con las frutas frescas. Teniéndolo todo a la vista, podemos examinar nuestra alimentación como el que examina un paisaje.

El aspecto de esta mesa semanal cambia poco a poco desde hace décadas. El gran cambio se dio en España hacia 1970. Anteriormente, el paisaje de nuestra comida estaba dominado por un montón de barras de pan, saquitos de arroz y legumbres secas. No había tanta variedad ni cantidad de frutas, aunque sí bastantes verduras frescas. El aspecto general resultaba muy “orgánico”, con pocos alimentos empaquetados (algunas latas de sardinas, pescados en salazón y botes de tomate), y nada de botellones de plástico ni de de bricks. Muy poco plástico desechable, apenas las bolsas de legumbres de este material. Esta mesa correspondía con una dieta más espartana que la actual, que tenía menos aditivos, grasas y azúcar, aunque podía ser deficiente en algunas vitaminas.

Poco a poco la mesa cambió. Las legumbres secas se hicieron cada vez más escasas (su consumo se dividió por cuatro), el pan se redujo a un par de barras y algunas bolsas de plástico de pan de molde, la presencia de carne y pescado fresco aumentó, las botellas y bricks de leche aparecieron en cantidad. Aumentó la presencia de fruta fresca, pero no la de hortalizas y patatas. Lo más notable es el aumento de comida envasada, en latas y cajas de cartón, pero sobre todo en envases de plástico desechable. Algunos elementos de la mesa crecieron muy rápidamente, por ejemplo los postres lácteos, que se multiplicaron por diez en poco tiempo. La bollería industrial hizo su aparición en cantidad, así como los cereales de desayuno. Estos tres tipos de alimentos son indicadores del rápido aumento del consumo de azúcar. Esta mesa indica una huella ecológica más pesada, pues está llena de alimentos procesados industrialmente –lo que consume energía–, transportados desde largas distancias y sobre-empaquetados en envases de usar y tirar.

En la actualidad, las mesas semanales se mueven entre dos extremos: las mesas “marrones” y las mesas “de colores”. Las mesas marrones fueron detectadas por el famoso chef Jamie Oliver en una visita a Estados Unidos, pero se pueden encontrar en cualquier país. El color predominante es el marrón de la comida lista para comer frita u horneada (empanadas, hamburguesas, pizzas) seguido por los tonos vivos de las grandes cajas de cartón de cereales azucarados de desayuno y botellas de dos litros de refrescos de cola. Este tipo de mesa revela una alimentación abundante en grasas poco saludables, rebosante de azúcar y sal, con muchos aditivos para mejorar su sabor, textura y color. Estas mesas están llenas por lo tanto de alimentos adictivos, listos para comer, diseñados para que “no podamos comer solo uno” o simplemente para que no podamos parar de comer. Normalmente los comemos en exceso, y terminamos con problemas de salud y obesidad. Parece ser que las mesas semanales de todo el planeta están avanzando a gran velocidad hacia la mesa marrón.

En el extremo opuesto está la mesa multicolor. Contiene una elevada proporción de vegetales frescos de colores vivos, muchas legumbres secas, pocos alimentos ultraprocesados (snacks, cereales de desayuno, bollería, yogures de sabores, etc.) y algunos alimentos procesados simples, como el pescado en lata. Esta mesa de colores o mesa “fresca” contiene muchos menos aditivos, grasas industriales y azúcar que la mesa marrón. También contiene muchos alimentos crudos que hay que cocinar. Esta mesa indica una salud mejor en la casa y una huella ecológica más reducida, pues los alimentos están menos procesados y empaquetados, suelen venir de menos distancia y hasta puede que sean de temporada, enviados directamente de la huerta a la mesa.

Te proponemos un experimento: despeja una mesa o una encimera y coloca encima, clasificados, una muestra de los alimentos que hay en tu casa. Retrocede un poco y analiza lo que ves. Puedes hacerte unas cuantas preguntas: ¿Qué porcentaje de comida fresca ves?, ¿cuánta debe ser cocinada para ser aprovechada y cuánta se puede comer cruda? De los alimentos que ves en la mesa, ¿cuántos están empaquetados y llevan un código de barras?, ¿cuál es el color predominante de la mesa?, ¿cuál es su componente más abundante?, ¿cuánto plástico desechable ves? Y así sucesivamente. Investiga y analiza tu mesa semanal y seguro que tu próxima compra de alimentos es diferente. No olvides hacer una fotografía de tus sucesivas mesas para ayudarte en la comparación.

Publicado originalmente en el blog El ciudadano autosuficiente, del diario Público.

Deja un comentario

Cerrar menú