Hay un planeta ahí fuera, esperándonos: ¿cómo cambiará nuestra alimentación?

No hay duda de que va a haber un antes y un después. Una era pre-covid-19 y una era post-coronavirus. Más allá de esta modesta predicción, los expertos convocados estos días para que atisben este mundo futuro no se ponen de acuerdo.

Como recordó hace unos días António Guterres, secretario general de la ONU, “Podemos regresar al mundo como era antes o enfrentar de manera decisiva aquellos problemas que nos hacen innecesariamente vulnerables a las crisis. Nuestra hoja de ruta es la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible.”

En eso estamos, recalcando la necesidad de trabajar por los ODS 2030. No podemos dejar de lado la pandemia, sino incluirla en nuestro trabajo. Eso implica intentar responder a muchas preguntas, para las que no tenemos apenas respuestas. Podemos comenzar por un elemento básico de nuestras vidas, la comida.

Alimentos: ¿calidad en lugar de cantidad?

Cinco elementos que pueden dejar una huella positiva…

¿Vamos a una reorientación del tipo de alimentos comprados?
Puede producirse una actualización del antiguo concepto de alimentos de resistencia, que “cunden” y son de “mucha sustancia” y muy saciantes. Cuyo mejor ejemplo son las legumbres y los platos que las mezclan con cereales y verduras, los potes, cocidos y escudellas de toda la vida. El impacto de un cambio así en la alimentación sería positivo para los ecosistemas y reduciría la huella ecológica de nuestra alimentación.

¿Primará la compra de comida de calidad sobre la cantidad?, ¿se producirá un freno a la comida basura?
La comida chatarra está diseñada para ser engullida en el acto, no permite apenas conservación ni menos reciclaje a través del aprovechamiento de las sobras. En un mundo post-covid, este concepto de comida efímera puede funcionar mal, lo que reduciría la huella ambiental de la alimentación, como en el caso anterior.

¿Una reducción drástica del desperdicio alimentario?
La amenaza latente de desabastecimiento puede propiciar una cultura de bajo desperdicio alimentario (aunque se ha informado de alimentos tirados procedentes de compras masivas mal calculadas). La manera “distraída” de obtener alimentos ha desaparecido: las compras se planifican con bastante detalle y los alimentos se almacenan y contabilizan con más atención, como la del despensero de un barco. Por esta razón, es probable una popularización de la cocina de las sobras o de residuo cero.

¿Crecerá la popularidad de los “alimentos que refuerzan nuestras defensas”?
Se trataría de un reforzamiento del papel de los alimentos como puntales de nuestra salud. Por la misma razón, puede producirse un rechazo de aditivos, azúcares y saborizantes en exceso y en general de los componentes de los alimentos adictivos.

¿Se implantará el cocinar como habilidad esencial?
Preparar uno mismo sus alimentos dejará de ser visto como una afición, para transformarse en una habilidad esencial para la supervivencia o, menos dramáticamente, para conservar la salud y la calidad de vida.

… y una mega-tendencia no tan buena

¿El fin de los pequeños comercios, abastecidos localmente?
Las grandes superficies se han adaptado a la venta de alimentos en masa, en muchos casos con envío a domicilio. Comprar alimentos en varias tiendas pequeñas ahora mismo puede parecer inadecuado, como ir a comprar el pan diariamente. En realidad no tiene que ser así. Comprar en un supermercado puede multiplicar la posibilidad de contagio: hay que hacer una cola y moverte por un espacio cerrado entre reponedores y gente comprando, así como hacer largas colas en pasillos para llegar hasta una caja y luego salir por el mismo sitio de la cola de entrada.

En las tiendas pequeñas te atienden en la puerta y todo va ligero sin necesidad de recorrer un gran edificio, escaleras y pasillos. Lo ideal serian los puestos abiertos a la calle, que la ley parece que no permite o restringe. También han desaparecido los mercadillos callejeros, permanentes o no. Desde hace tiempo han desaparecido las tiendas de ultramarinos y donde comprar productos de limpieza, de manera que el supermercado se ha convertido en la única opción para muchos.

Además, en muchos barrios no hay otra opción que ir al súper con el coche o dando un largo paseo para incluso comprar el pan. Por otro lado ir al súper ahora mismo, supone comprar los productos que tengan, sin más opción. Te guste o no.

El modelo de “compra local, compra próxima, en pequeñas tiendas” ha prácticamente desaparecido ahora mismo, lo cual es una muy mala noticia para la salvaguarda de la biodiversidad. ¿Cómo se adaptará este pequeño comercio, fundamental para preservar la biodiversidad y la salud del planeta?

 

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