Veganos sin pisto

El mercado del Corte Inglés tiene una sección dedicada a los sustitutos de la carne, que incluye hamburguesas, salchichas y embutidos vegetales. No es comida barata, sale por entre 15 y 20 euros el kilo, más o menos lo que cuesta la carne real. Lidl tiene una línea de comida vegana, My Best Veggie, con precios más baratos, en torno a los 10 euros por kilo. Incluye hamburguesas, falafel, loncheados y otras cosas. Mercadona ofrece sushi vegano, pizzas y otras variedades. El 30% del catálogo de alimentos de Unilever es apto para veganos. Burger King lanzó su hamburguesa vegana sin decirlo en la ciudad del chuletón (Ávila) y nadie se enteró. McDonald’s, tras un comienzo vacilante hace un par de años, está probando también su hamburguesa vegana.

Es una pequeña muestra de la fiebre vegana que asola nuestro país y a los países ricos en general (la opción vegana tiene menos atractivo en países donde la carne es escasa y cara). En España la fiebre vegana coexiste con un 3,6% de la población que no puede permitirse una comida de carne o pescado al menos cada dos días. El porcentaje de veganos es desconocido pero puede que ronde el 1 o 2% de la población.

Parece haber dos extremos en esto del veganismo actual. Por un lado veganos y vegetarianos tradicionales, que siguen una antigua cultura de rechazo a la carne, que data de finales del siglo XIX por lo menos, unida a las doctrinas y prácticas del naturismo como rechazo de la civilización industrial. Por otro lado, parece haber una nueva hornada de veganos, por lo general jóvenes, completamente desconectados de esta cultura de tradición naturista.

Lo que comen unos y otros es bastante distinto. El manual de cocina vegetariana del Dr. E. Alfonso, publicado hace aproximadamente un siglo, incluye una mezcla de recetas antiguas y modernas, desde las lentejas a la castellana al “stock” vegetal (un supercaldo de verduras), amén de muchas recetas de ensaladas variadas. El arsenal de recetas de los vegetarianos y veganos, desde hace muchos años, combina los platos autóctonos “veganos sin saberlo”, como la paella de verduras, el gazpacho o las judías a lo tío Lucas, con platos diseñados desde el principio como veganos, con añadidos a veces de derivados vegetales procesados altos en proteínas, como el seitán (gluten de trigo) o el tofu (queso de soja). Suplementos de vitamina B12 pueden acompañar estas dietas si son exclusivamente veganas.

Los nuevos veganos enfocan su comida de manera bastante distinta. Simplemente, van a su hamburguesería favorita o a cualquier supermercado y compran su comida a base de albóndigas, hamburguesas, loncheados, pizzas, etc., todo ultraprocesado, empaquetado en varias capas de plástico y estrictamente vegano. Hay que decir también que bastante caro. Esta nueva generación de veganos, al parecer, desconoce la rica variedad de la cocina vegana española, infinidad de recetas a su alcance que les permitirían alimentarse de manera sana, barata, con bajo impacto ambiental y por lo tanto de manera sostenible. Por ejemplo, a sus ojos, un rico pisto de tomate, pimiento, cebolla y calabacín es un alimento viejuno y por lo tanto sospechoso: ¿cómo va a ser vegano? Seguiremos trabajando en la próxima edición de La cocina vegana española. En “La cocina vegana de la abuela” en el blog Ciudadano autosuficiente tenéis una lista inicial de recetas.

Deja un comentario

Cerrar menú