Los insectos que salvarán el planeta: si les dejamos

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La ciudades donde vivimos más de la mitad de la población, son ambientes hostiles que se han desarrollado totalmente desconectadas de los entornos naturales. Pero entre estas estructuras de hormigón y acero se desarrolla la vida más allá de la humana: los insectos.

Estos bichillos nos ayudan en más cosas de las que creemos y es importante que los pongamos en valor y empecemos a verlos con otros ojos menos asustados, en especial a los polinizadores.

Cuando hablamos de polinizadores nos referimos a insectos que al alimentarse del néctar de la flores arrastran consigo el polen a otras flores permitiendo su reproducción. Hay muchos otros tipos de polinizadores como las abejas, polillas, mariposas, pájaros, murciélagos o escarabajos florícolas. Pero la reina indiscutible es la abeja, cuyo servicio polinizador -que se valora en 14.200 millones de euros en 2005 para el ámbito europeo- es esencial para cerca del 80% de la flora salvaje europea y el 70% de los cultivos.

Pero, ¿cuál es el problema? Los insectos polinizadores son normalmente especies muy vulnerables y sensibles a los cambios, por lo que el desarrollo industrial de la agricultura, con la utilización de pesticidas y monocultivos, han mermado sus poblaciones poniéndolos en peligro. De hecho de las 1.100 especies de abejas conocidas en España, el 2,6% están amenazadas, según la Lista Roja de las Abejas de Europa y de los más de 750 especies de escarabajos florícolas de la península, una decena está incluida en la lista roja de España.

Esto es muy grave porque los polinizadores son los únicos que pueden hacer este trabajo, de hecho algunas plantas se han desarrollado tan estrechamente con algunas especies de polinizadores que solo ellos pueden polinizar esa planta.

Las consecuencias del descenso del número de abejas ya se han podido notar en algunas zonas de China donde los propios agricultores han tenido que suplir a las abejas haciendo la polinización de los manzanos y perales ellos mismos.

Pero parece que hay esperanza, y está puesta en las ciudades. Estudios recientes han mostrado que los hábitats urbanos pueden ser ideales para hospedar algunas especies de abejas salvajes y otros polinizadores. De hecho una investigación de la Universidad de Sussex mostró que hay más especies salvajes de abejas viviendo en las zonas residenciales que en el campo.

Esto se debe a la presencia de jardines con flores durante todo el año, huertos urbanos y zonas verdes, mantenidos todos ellos sin el uso de fuertes pesticidas, que les dan a los polinizadores el refugio y el alimento necesario para su supervivencia.

Y lo mejor de todo es que nosotros como sociedad podemos actuar, ¿cómo? A través de la apicultura urbana y los hoteles de insectos.

Por ejemplo en la ciudad de Birmingham (Inglaterra) un edificio de la antigua zona industrial  se ha convertido en el hogar de 50.000 abejas urbanas. En Londres, hace una década fue creado el proyecto Urban Bees, una red para instalar y mantener colmenas, y actualmente podemos encontrar hoteles, restaurantes o embajadas que cuentan con sus propias colmenas y cuya miel incluso gana premios internacionales.

París es otra de la ciudades que ha apostado por las abejas en la ciudad como parte de su plan de medidas medioambientales, ya cuenta con más de 1.000 colmenas.

En España se están dando tímidos pasos hacia delante, pero hay muchos obstáculos a los que hacer frente, y el primero de todos es el miedo.

A la gran mayoría de la gente le dan miedo insectos en general y las abejas en particular, no son raros en primavera y verano los gritos de pánico cuando una abeja se cruza en el camino de alguien. Muchos argumentan que la apicultura urbana es un peligro por las personas que son alérgicas a las picaduras pero como sostienen muchos apicultores, las abejas son en general pacíficas y, como los perros, huelen el miedo.

Así que si queremos seguir llenando nuestros carros con frutas y verduras frescas, abramos la mente a esta nueva posibilidad, quitémonos el miedo y dejemos a los polinizadores hacer su tarea.

 

Carlota López Fernández.

Esta entrada tiene un comentario

  1. Podrías poner el enlace al artículo de la universidad de Sussex? O al menos el título? Me parece interesante, para poder leerlo.

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