Los alimentos malignos, del panga a los huevos de clase 3

 

El panga, ese pez que se cría por millones de toneladas en Vietnam, es el último alimento maligno. Se le acusa de estar contaminado con diversos tóxicos, al estar criado en el polucionado ambiente del río Mekong. También se dice que no alimenta, que no tiene ácidos omegas 3 y otros nutrientes al parecer necesarios. El asunto saltó a raíz de una petición de retirarlo de los menús escolares y ha terminado con el cese de su venta por parte de la cadena Carrefour. El panga era muy popular porque era barato, accesible y se vendía completamente limpio. “Era” porque ahora mismo es un alimento malsano, un peligro a evitar. Se acabó el panga, a otra cosa.

La lista de alimentos malsanos es larga: dulces y galletas con aceite de palma, las salchichas, las grasas “trans”, las patatas fritas y los snacks, las tostadas demasiado tostadas, el azúcar en general, la sal, las salsas para ensalada, la leche, los huevos y otros alimentos con mucho colesterol, los zumos de frutas, los ahumados, los hidratos de carbono “simples”, etc., etc. Algunos son ampliamente reconocidos como malignos, otros solo para algún sector más concreto (por ejemplo, la carne en general es considerada como muy dañina por parte de los veganos). El resultado final es que la compra de alimentos es un verdadero campo de minas, una actividad de elevado riesgo.

En realidad sí hay alimentos oficialmente peligrosos: la AECOSAN (Agencia Española de Consumo y Seguridad Alimentaria) recomienda consumir con parquedad pez espada y otros pescados azules (por estar atiborrados de mercurio) y algunas verduras como las espinacas y acelgas (por exceso de nitratos). La EFSA (la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria) reconoce el carácter peligroso del aceite de palma refinado y de algunos otros alimentos. También existen recomendaciones oficiales para reducir el consumo de azúcar, sal y grasas saturadas. Aparte de estas guías oficiales, la elección de alimentos depende de nuestras costumbres y la información más o menos manipulada que nos llueve continuamente.

¿Qué podemos hacer, si no somos expertos en nutrición ni en medio ambiente? Pues aplicar toneladas de sentido común al asunto. Es el caso de los huevos de clase 3. La mala fama del panga ha sido reconocida recientemente, seguramente de manera algo exagerada, pero los huevos de clase 3, es decir producidos por gallinas hacinadas en jaulas, se siguen vendiendo estupendamente, principalmente porque son mucho más baratos que los clase 0, producidos por animales criados al aire libre y alimentados con pienso ecológico, el no va más. Lo de los huevos es un hecho objetivo: o son clase 0 o clase 3. Si nos lo podemos permitir, podemos elegir la clase 0 y así mejorar nuestro planeta y la vida de las gallinas, que también merecen un respeto.

Por desgracia no hay tantas guías tan seguras como la clasificación de los huevos. Pero sí hay algunas pautas generales, difundidas por Michael Pollan y su escuela, que se resumen en la frase “coma comida”. Es decir, se trata de comprar comida, no cajas de cartón de colores, ni alimentos con listas kilométricas de ingredientes con sus correspondientes aditivos de nombres impronunciables. En general, evitar lo que nuestra abuela no reconocería como comida. La elección es nuestra: nuestro bolsillo, nuestras preferencias, nuestras posibilidades y la información disponible nos permitirán elegir el mejor alimento, al mejor precio, el más saludable y el mejor para el medio ambiente.

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