La amenaza de las leches vegetales

ABC daba la voz de alarma hace unos días: el consumo de leche de vaca disminuye sin cesar. Hace quince años era de más de 97 litros por persona/año y ahora es inferior a 73. Llamativamente, el diario añade la frase clave “los expertos temen carencias nutricionales”.

Parece ser que la leche, que es uno de los míticos “cinco venenos blancos” está perdiendo muchos puestos en el favor del público. Sencillamente, la gente ya no se cree que la leche sea un pilar fundamental de nuestra alimentación. No solo no se la considera el alimento sano por excelencia, sino que corren rumores (seguramente infundados) que asocian la leche con diversas enfermedades. Resultado: las estanterías de bricks de leche de soja crecen al mismo ritmo que decrecen las de leche de vaca.

Lo que no es ningún rumor sin fundamento es que aproximadamente un 40% de los residentes en nuestro país son intolerantes a la lactosa. Es decir, son personas que se toman un vaso de leche y se ponen a morir, entre flatulencias, retortijones intestinales, diarreas y otras molestias. Eso ha sido así desde tiempo inmemorial, y en España la leche era una bebida para adultos únicamente en paisajes con abundancia de vacas de pasto, como el Cantábrico. En el resto del país, la gente dejaba de beber leche a los tres o cuatro años de edad.

La industria lechera ve como se alejan sus años dorados, cuando consiguió acercarse a los cien litros por persona y año, una cifra de consumo más propia de Suecia que de un país mediterráneo. Saltan las alarmas y se buscan argumentos, entre los cuales el más poderoso es ¿de dónde vas a sacar el calcio que necesitas, si no tomas leche?

Pues muy sencillo, de dos fuentes principales, vegetales (verduras de hoja verde, semillas, legumbres, etc.) y animales (queso, sardinillas). Da la casualidad de que los países mediterráneos son grandes productores de queso de leche de cabra y oveja. Ahí tenéis una buena fuente de calcio, con la ventaja de que cabras y ovejas todavía comen pasto natural del que crece en el campo, mientras que la alimentación de las vacas lecheras depende más de la industria.

En realidad esta pequeña polémica entre leche de vaca y leches vegetales es un síntoma de una tendencia mucho más importante. hace poco se supo que una prescriptora tan formidable como Beyoncé se había pasado al veganismo y que la no menos importante cadena de alimentación Mercadona está lanzando una línea de embutidos para ovolactovegetarianos. Para liarlo más, se supo que el Parlamento italiano estaba a punto de debatir una ley que castigaría severamente a los padres de hijos veganos.

Digamos que hacia 2000 se tocó techo en el consumo de carne y leche, y que desde entonces cada vez más personas están ahorrando dinero y mejorando su salud consumiendo menos productos animales y más vegetales. Entre el carnivorismo estricto y el veganismo hay un término justo, digamos un 90% vegetal y un 10% animal. Y se me olvidaba que es mucho más sostenible y bueno para el planeta que el fuerte consumo de productos animales actual.

Esta entrada tiene un comentario

  1. Hombre, decir que las ovejas lecheras solo comen pasto natural es un poco generalizar. Soy de la mancha y las ovejas que pastan son las “vacías” es decir las que no tienen crías, el resto de ovejas se mantienen con piensos para mejorar la cantidad y calidad de la leche. Quedan pocos (muy pocos) quesos con oveja “de campo”. No es porque los ganaderos sean unos seres sin escrúpulos que quieren encerrar a sus animales, es simplemente porque el precio del queso sería desorbitado para lo que estamos acostumbrados a pagar…

    Saludos.

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